Internet es, en su naturaleza, un espíritu colectivo. La red no tiene un eje central, ni un dueño absoluto. Se trata de una red de redes interconectadas entre sí que brindan información y comunicación a quienes se conectan a ella.
Y aunque ha habido múltiples esfuerzos por convertirlo en la mina de oro de unos cuantos, sus usuarios siempre han encontrado maneras de reclamar su propiedad. Si las computadoras de internet son sociales, los que se conectan a ellas también.
Una de las formas en las que esa interacción se ha vuelto evidente es a través de sitios de financiamiento colectivo que permiten a creadores independientes, entusiastas programadores o emprendedores alternativos apelar a la masa cibernética para hacer realidad sus sueños.

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